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#TOP1 | 12 notas para la post-pandemia.

Por Armando Rodríguez (Publicado en el boletín Nro 5 – Año 2020).

1

Para el Sur Global, el estado de excepción, instaurado por la gestión de la pandemia de Covid-19, solo viene a sumarse al instaurado, de facto, por la miseria y la violencia multiforme.

2

En Venezuela, la coincidencia del bloqueo económico impuesto por E.E.U.U. y la “nueva normalidad» post-Covid 19 ha sido tomada como punto de inflexión para formalizar el relajamiento del marco jurídico que regulaba la actividad económica. Con la ley antibloqueo aprobada el pasado 8 de octubre, se reconoce el desbordamiento de dicho marco por la guerra no-convencional a la que estamos sometides. La evidencia del desborde exige, según los proponentes de la Antibloqueo, una maniobra “audaz” que permita un aterrizaje de emergencia. Estas turbulencias del poder ponen en suspenso las garantías obtenidas en lo formal por grandes porciones de la clase trabajadora, arrastrándolas a formas insospechadas de vulnerabilidad.

3

En su disposición final, la Ley antibloqueo establece que tendrá vigencia “hasta que cesen los efectos de las medidas coercitivas unilaterales, restricciones y otras amenazas que afectan al país.”

Siendo ambigua la magnitud de los efectos del bloqueo que hacen necesaria la vigencia de la ley y dependiendo su duración de un imperio que no rinde armas, podría pensarse en un estado de excepción cuasi-permanente.

4

Reconocemos que el avance del estado de excepción en nuestro país no es externo a una estrategia continental, diseñada por los poderes hegemónicos para retomar territorios mediante estrategias tan diversas como el endeudamiento de los Estados o el desmontaje de las instituciones.

5

Entre les marginades por el neoliberalismo, somos más quienes sabemos que el modelo de normalidad que nos ofrece es un horizonte eternamente postergado. Se tendrá una vida normal cuando se pueda pagar por ella. Tal vez (¿seguramente?) nunca.

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En Venezuela, los sectores tradicionalmente beneficiados por la renta petrolera hoy se ven arrastrados a un “fin del mundo”. Los excluidos del reparto de la petro-renta podemos decirles: “el fin del mundo ya ocurrió». Venimos de vuelta.

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“Otro fin del mundo es posible»

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Para las maricas, trans, indígenas, con discapacidades, con enfermedades crónicas, les campesines sin tierras, trabajadoras/es sexuales y un largo etcétera, el “fin del mundo” ya ocurrió. Y, sin embargo, seguimos viviéndola .

9

A pesar de los dueños del mundo, seguimos con vida. Hemos desarrollado estrategias para vivir aun en los márgenes. Los saberes que acompañan esas estrategias podrían ser asumidos como un inmenso reservorio de potencias por los nuevos precarizados que, día a día, suman la nueva excepcionalidad.

10

Los sexo-género disidentes, que también somos atravesados por la precariedad, hemos construido familias diversas a la heteronormada y nuclear, redes solidarias para el cuidado de la salud sexual y reproductiva, tecnologías distintas a las ofrecidas por la industria farmacéutica y de la cosmética para una expresión más libre del género autopercibido.

Estás formas de relación no son exclusivas de nadie. Su principal virtud es que no tienes que pagar por ellas.

11

La crisis final del rentismo petrolero, que amanece en Venezuela, se parece, seguramente, a muchos finales de otros territorios; el cambio climático y el ajuste post-pandemia refuerzan la tendencia a su multiplicación. Cabe entonces una alianza transversal y global de quienes no estamos invitades a la “nueva normalidad», una unión internacional para procurar y reproducir una vida que merezca ser vivida.

12

La batalla por el derecho a vivir dignamente no puede ser librada, desde nuestra trinchera, bajo las reglas impuestas por los poderes que nos han traído hasta la actual crisis. Las alianzas y los pactos con actores diversos deben ser planteados conscientes de nuestra propia vulnerabilidad, desprendidas del chantaje moral al que siempre nos han sometido los sectores reformistas que aún juegan en el tablero de la modernidad colonial y neoliberal.

Avancemos sin nostalgia de lo que nunca hemos tenido. Ya conscientes de que sobrevivir no basta, reclamemos una dignidad para el aquí y el ahora.

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