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POR MARÍA GABRIELA BLANCO
@PilarTosh
ILUSTRACIÓN NATHALY BONILLA

“No creo que la voz de una mujer lesbiana sea necesariamente más fuerte que la mía. Lo que hace más fuerte nuestra voz es que seamos muchos, de todos los sectores sociales y políticos, quienes queremos una sociedad sin discriminación. Sí ayuda al debate cuando alguien dice ‘soy lesbiana y no tengo prejuicios por serlo ni porque se sepa’, porque le dice a todos que la orientación sexual no tiene consecuencias negativas e invita a otros a expresarse. Esa era mi experiencia en el Partido Socialista. Cuando un compañero o compañera dijo ‘soy lesbiana’ o ‘soy gay’, otros se animaron a decirlo”, fue la respuesta de Silvia Augsburger, diputada argentina por Santa Fe entre 2005 y 2009, cuando Bruno Bimbi (Matrimonio igualitario. Planeta. Buenos Aires, 2010) le preguntó si la voz de un diputado gay o una diputada lesbiana sería más fuerte para reclamar ciertas leyes.


A propósito de la histórica propuesta de Ley de Matrimonio Civil Igualitario en Venezuela, en una entrevista manifesté mi inclinación por ver a diputadxs, gobernadorxs o ministrxs de la revolución salir del clóset. Puede que esté equivocada y en vez de ayudar a disminuir la homofobia, esta aumente dentro de la Asamblea Nacional. Sin embargo, la historia reciente y solidaria demuestra lo contrario.

“En política, el testimonio es un valor importantísimo, porque da autoridad y es muy difícil de enfrentar. Cuando habla un diputado que fue víctima de la dictadura, lo escuchan con atención y respeto. No es una abstracción, es algo que esa persona vivió y lo puede transformar en una acción política”, dijo Remo Carlotto, diputado argentino por la provincia de Buenos Aires e hijo de Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo.

En Venezuela, un revolucionario es reconocido por las valientes acciones realizadas en defensa de la patria, y me viene el nombre del diputado Fernando Soto Rojas: años en la clandestinidad por la dictadura perezjimenista y hermano de Víctor Ramón, víctima de la conducta asesina de los gobiernos de derecha venezolanos. Argelia Laya, barloventeña, ingresó al movimiento guerrillero y a la clandestinidad; es respetada por las mujeres y hombres de esta tierra. Adel El Zabayar, diputado del PSUV, se unió en diciembre de 2013 a la resistencia siria respondiendo al fuerte principio internacionalista. No es absurdo pensar que nuestros diputados, heterosexuales o no, decidan ponerse en el lugar de quien no puede ni siquiera dar el paso y “salir del armario”. Para nuestros maricos y cachapas que ejercen cargos públicos, estar enclosetados significa que cuando sus derechos están en debate no pueden pedir la palabra para defenderlos. Están ahí, pero la gente no los ve. A quienes están indecisos les digo: es la hora del recuento y de la marcha unida, ¡voten nuestras leyes!

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